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En ocasiones, la pielografía intravenosa indica el lugar de la obstrucción. Si ésta existe, el tiempo de aparición del nefrograma suele prolongarse. Finalmente, la imagen renal se torna más densa de lo normal, debido al flujo lento del líquido tubular, que aumenta la reabsorción de sodio en las nefronas y ocasiona una mayor concentración del medio de contraste en los túbulos. El riñón afectado por un proceso obstructivo agudo suele estar ligeramente aumentado de tamaño y hay dilatación de los cálices, de la pelvis renal y del uréter por encima de la obstrucción. Sin embargo, el uréter no es tortuoso, como ocurre cuando la obstrucción es crónica. En comparación con la nefrografía, el urograma puede ser extremadamente débil, en especial cuando la pelvis renal dilatada es voluminosa, por lo que provoca dilución del medio de contraste. Se debe continuar el estudio radiográfico hasta que se determine el sitio de la obstrucción o hasta que se elimine el medio de contraste. Las gammagrafías definen menos detalles anatómicos que la pielografía intravenosa y, como la urografía, son de escaso valor cuando la función renal es deficiente. Tienen utilidad en los pacientes que están en riesgo grave de experimentar reacción al material de contraste intravenoso. Los pacientes en que se sospecha obstrucción ureteropélvica intermitente deben someterse a valoración radiológica mientras experimentan dolor, porque con frecuencia se obtiene una urografía normal durante los períodos asintomáticos. La hidratación a menudo ayuda a provocar un ataque sintomático.
Para facilitar la visualización de una posible lesión en el uréter o en la pelvis renal, se puede efectuar una pielografía retrógrada o anterógrada. Estos estudios diagnósticos son preferibles a la pielografía intravenosa en el enfermo con hiperazoemia, en el cual la disfunción excretoria impide la visualización adecuada del sistema colector. Además, en los enfermos con proteinuria, insuficiencia renal, diabetes mellitus o mieloma múltiple, sobre todo si se encuentran deshidratados, la pielografía intravenosa conlleva un riesgo de insuficiencia renal aguda inducida por el medio de contraste. La vía retrógrada consiste en cateterizar el uréter afectado bajo control cistoscópico, y la vía anterógrada exige la colocación de un catéter en la pelvis renal a través de una aguja introducida por vía percutánea bajo control ecográfico o fluoroscópico. Mientras que la vía anterógrada tiene la ventaja añadida de que permite descomprimir de inmediato la lesión obstructiva unilateral, muchos urólogos intentan la pielografía retrógrada al principio y recurren a la anterógrada sólo cuando las tentativas de sondaje retrógrado no dan resultado o cuando están contraindicadas la cistoscopia o la anestesia general.
La cistouretrografía miccional es útil para diagnosticar el reflujo vesicoureteral y las obstrucciones en el cuello vesical y uretral. Los enfermos con obstrucción en la vejiga o por debajo de ésta presentan trabéculas y divertículos en la pared vesical. Las imágenes posmiccionales muestran la orina residual. Si el estudio radiológico no aporta información adecuada para establecer el diagnóstico, a menudo la visualización endoscópica revela claramente las lesiones que afectan uretra, próstata, vejiga y orificios ureterales
La tomografía computadorizada es útil para establecer el diagnóstico de causas específicas intraabdominales y retroperitoneales de obstrucción, pero resulta menos práctica como prueba inicial para establecer la presencia de obstrucción. La resonancia magnética también puede ser útil para identificar causas obstructivas específicas.
harrison 16 edicion parece que la rspuesta es la tac y no la resonancia
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